Prólogo de Mons. Mario Iceta

La vocación al amor es un don y una tarea que Dios nos ha regalado. Es lugar donde vivir, donde reconocerse, donde afianzar la vida y es, al mismo tiempo, una tarea a construir, una morada que hay que edificar en compañía, y que tiene como fin la comunión con Dios y con los demás.

Persona y amor son dos realidades profundamente conexas. La una remite a la otra y viceversa. Persona y amor se miran mutuamente. Somos personas, imagen de Dios, llamados a la comunión interpersonal realizada en el amor. Así como Dios es amor siendo comunión de Personas, su modo de ser ha quedado impreso en la realidad humana: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Hombre y mujer lo creó”. La unidad dual del hombre y la mujer es la expresión humanada de Dios: el hombre y la mujer, llamados a formar una unidad de vida en el amor, es icono de la Trinidad.

Siendo la vocación al amor un don inmenso y una tarea, necesitamos comprender esta lógica del don y hacerla nuestra. No sólo necesitamos comprenderla sino también aprender a amar. A la lógica del don le sigue la gramática del don. Necesitamos aprender los entresijos, las actitudes, desarrollar las capacidades, ordenar nuestra existencia, adquirir virtudes… para poder construir y alcanzar la promesa de comunión que la experiencia amorosa nos deja entrever.

Es la tarea que debemos comenzar desde los primeros compases de la vida. El niño percibe que es querido, lo que afianza su personalidad, sus capacidades y su confianza en el futuro. Pronto se da cuenta de que este amor también le interpela, exige una respuesta, y progresivamente aprende a amar. La experiencia de la familia es decisiva particularmente en los primeros tiempos de nuestra vida. La adolescencia marca un nuevo tiempo donde se descubre de modo nuevo la corporalidad y la sexualidad como lenguaje del amor. Constituye un tiempo especialmente delicado. Sin la referencia a la vocación al amor, la sexualidad permanece ininteligible. Cómo comprender, cómo personalizar los afectos, las inclinaciones, las pasiones, los deseos, y todas las dimensiones de la percepción de nuestro cuerpo sexuado precisan de una delicada labor de aprendizaje. La integración de la dimensión corporal en la llamada personal a realizar nuestra vocación al amor es una tarea decisiva para la vivencia futura de la propia vocación personal.

Durante la juventud, esta tarea de educación afectivo sexual que nos capacita para amar de modo humano y verdadero, abiertos a una comunión aún mucho más profunda, que es la comunión con Dios, va asentando las cualidades personales que nos permitirán hacer de la experiencia amorosa, realidad fundante de la vida de la persona, el motor de la edificación de una vida plena, grande, capaz de construir relaciones verdaderas haciendo presente en la carne y en la humanidad el amor de Dios.

Con este fin, la subcomisión de familia y defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Española inició hace años la preparación de unas unidades de educación afectivo sexual que ayudaran a los adolescentes y jóvenes a comprender la lógica del amor que se encierra en ellos, a desarrollar capacidades, habilidades, competencias, hábitos, virtudes que constituyen la gramática del amor de modo que puedan realizar la belleza y bondad de la vocación al amor inscrita en sus corazones. Son muchos especialistas los que han colaborado en esta obra. Nuestra gratitud hacia ellos por su generosidad, pericia y experiencia puesta al servicio de este trabajo.

Siendo la familia el ethos natural donde aprendemos a amar, es precisamente a las familias a quienes queremos ofrecer esta obra. Hemos pretendido ayudarles, poner a su servicio una herramienta que les permita llevar adelante esta tarea preciosa de capacitar a sus hijos para que vivan en plenitud su vocación al amor en sus diversas formas, según el proyecto que Dios tenga reservado para cada uno de ellos: en las futuras familias que constituirán, en la vida consagrada, en el ministerio sacerdotal, en la vida contemplativa, en la entrega misionera…

Somos, así mismo, conscientes de que en esta tarea educativa las familias son ayudadas por la escuela y por la comunidad parroquial. Es por ello que esta obra está diseñada en seis unidades didácticas adaptadas al proyecto curricular de las clases de Religión en la ESO (España), de modo que pueden insertarse en la dinámica de las sesiones escolares correspondientes. Así mismo, es una material que puede ser empleado de modos diversos en la catequesis parroquial, educación en la fe para adolescentes y jóvenes, preparación para la recepción del sacramento de la confirmación, etc.

Por este motivo, la colaboración de la Comisión Episcopal de Enseñanza y de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, así como la aprobación por parte de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, ha sido de especial relevancia para hacer de esta obra un material versátil que puede ser utilizado de diversas formas en ámbitos distintos de educación y formación.

Por último, los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida queremos agradecer el interés, el ánimo y la acogida recibida del Pontificio Consejo para la Familia. Es un material que queremos ofrecer a toda la Iglesia con ocasión del Encuentro Mundial de las Familias 2015. Lo hemos realizado en formato digital siendo conscientes de que hoy en día la enseñanza se realiza mayoritariamente por medios informáticos. Nuestros adolescentes y jóvenes son nativos de la era digital y en este lugar en el que ellos habitan hemos querido hacernos presentes. Además, al disponer este material vía on-line, su disponibilidad en la diversidad de países y continentes es mucho más rápida, sencilla y económica.

Encomendamos este material a la tutela de la Sagrada Familia. Jesús, María y José constituyen el modelo de la familia humana. En Ellos contemplamos a Dios encarnado, al Amor divino que sostiene y lleva a perfección el amor humano. Que la Sagrada Familia cuide de todas las familias, principalmente las que pasan dificultades. Que la exquisita dedicación con que María y José educaron humanamente a Jesús y fueron modelando su corazón sean para nosotros la gracia que nos ayude a modelar el corazón de nuestros adolescentes y jóvenes según el Corazón sagrado, manso, humilde, totalmente entregado de Jesús. Con gran afecto.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Obispo de Bilbao y Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia  Episcopal Española.        

 

 Prólogo de Mons. Mario Iceta