Presentación de Mons. Vincenzo Paglia

Uno de los cometidos más delicados que los padres de familia tienen que afrontar en la educación de sus hijos es su formación afectiva, para que puedan responder a la vocación más decisiva para todo ser humano: la vocación al amor.

Esta vocación al amor es tarea fundamental de los padres de familia. A este propósito, cuentan con la ayuda de distintas comunidades morales y educativas: la escuela, con los profesores y las profesoras, pero también con la colaboración de los demás miembros de la comunidad eclesial; la parroquia con los sacerdotes y catequistas y con los demás fieles cristianos.

La labor educativa de los padres, de la parroquia y de la escuela, hoy se ve influida, y muchas veces dificultada, por algunos medios de comunicación social, entre los que últimamente tienen una importancia creciente las comunidades virtuales y las redes sociales. Los adolescentes y jóvenes se encuentran expuestos a informaciones diversas en lo concerniente a la afectividad en general y al ejercicio de la sexualidad, en particular. En muchas ocasiones, estos mismos jóvenes carecen de criterios para distinguir la verdad del bien de la sexualidad humana, sustituidos por el emotivismo introducido en numerosos canales informativos y formativos en la actualidad.

En este sentido, se suman proyectos culturales, legislativos y educativos que desafían directa o indirectamente la visión cristiana del cuerpo, de la diferencia y  complementariedad entre hombres y mujeres, del ejercicio de la sexualidad, del matrimonio y la familia. Buscan reconocer y legitimar los diversos modos en que se vive la sexualidad en la sociedad, proponiendo visiones que constituyen un verdadero cambio antropológico que dificulta la afirmación de la identidad sexual, de las virtudes, valores y actitudes que integran la corporeidad y los afectos en la vocación al amor que está en la base de todo proyecto de vida humana plena y de vida buena según el Evangelio.

Estas dificultades se notan especialmente a la hora en que los jóvenes deben optar por el matrimonio fiel e indisoluble, o al afrontar día a día la riqueza de la vida afectiva y sexual, tanto dentro de un proyecto matrimonial, como dentro de un proyecto de vida virginal. El reciente Sínodo de la Familia lo expresa de la siguiente manera: “En el mundo actual no faltan tendencias culturales que buscan imponer una sexualidad sin límites, de la que se quieren explorar todos los aspectos, incluso los más complejos. La cuestión de la fragilidad afectiva es de gran actualidad: una afectividad narcisista, inestable y cambiante no ayuda a la persona a alcanzar una mayor madurez. Deben ser denunciados con firmeza: la gran difusión de la pornografía y de la comercialización del cuerpo, favorecida también por un uso desequilibrado de Internet; la práctica obligada a la prostitución y su explotación. En este contexto, a menudo los esposos se sienten inseguros, indecisos y les cuesta encontrar los modos para crecer. Son numerosos los que suelen quedarse en los estadios primarios de la vida emocional y sexual. La crisis de la pareja desestabiliza la familia y a través de las separaciones y los divorcios puede llegar a tener serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad, debilitando al individuo y las relaciones sociales” (Relación Final n. 32).

De ahí que la necesidad de asegurar una adecuada formación afectiva sea cada vez más compartida entre quienes tienen la tarea de apoyar a los padres de familia en su labor educativa. El reciente Sínodo de los Obispos se ha recordado el desafío de la educación afectiva en muchos de los números de la relación final al Pontífice, pero particularmente en los números 30 y 31, donde se lee: “La necesidad de cuidar la propia persona, de conocerse interiormente, de vivir mejor en sintonía con las propias emociones y los propios sentimientos, de buscar relaciones afectivas de calidad, debe abrirse al don del amor y al deseo de construir relaciones de reciprocidad creativas, que generen responsabilidad y solidaridad, como las relaciones familiares. El desafío para la Iglesia es ayudar a los esposos a una maduración de la dimensión emocional y al desarrollo afectivo promoviendo el diálogo, la virtud y la confianza en el amor misericordioso de Dios. El pleno compromiso de dedicación que se requiere en el matrimonio cristiano es un fuerte antídoto a la tentación de un individualismo egoísta (n. 30). “El estilo de las relaciones familiares incide principalmente en la formación afectiva de las generaciones jóvenes. La velocidad con la que tienen lugar los cambios de la sociedad contemporánea hace más difícil acompañar la formación de la afectividad de la persona para su maduración. (…) Esta formación se encargará de hacer apreciable la virtud de la castidad, entendida como integración de los afectos, que favorece la entrega” (n. 31).

El Pontificio Consejo para la Familia como observatorio especial de la Santa Sede en la materia y saliendo al paso de numerosos obispos en las respectivas Visitas ad Limina de los últimos años, así como de las sugerencias de movimientos y asociaciones de familias que trabajan en el campo de la pastoral familiar, publica unos materiales que pueden servir en el acompañamiento de adolescentes y jóvenes en este campo importante para la felicidad de una vida. Deseo subrayar la singularidad del proyecto que combina atención al docente y al joven o adolescente. El elemento pedagógico en estos dos grupos está plenamente conseguido y de aquí la utilidad de servicio del mismo. La interactividad y el diálogo que el mismo proyecto posibilita lo hacen no simplemente un frio manual de contenidos, sino que permite a los distintos sujetos interactuar, sugiriendo, acentuando o desarrollando procesos que se encuentran presentados en el proyecto. El Pontificio Consejo para la Familia procurará a través de su página web poner en circulación todas las “prácticas” y “experiencias” buenas en este sentido. Desde esta plataforma digital deseamos responder a la llamada de nuestros interlocutores y especialmente de las familias ante el reto subrayado por el reciente Sínodo de la Familia.

Por otra parte, somos conscientes de que una preparación seria al matrimonio se fundamenta en la iniciación cristiana y en la formación de los jóvenes a la vida afectiva. Progresar en una antropología adecuada hoy en día no es un optional sino la base sobre la que asienta la preparación adecuada al sacramento del matrimonio. El Papa Francisco en numerosas ocasiones en estos tres años ha llamado la atención en esta etapa fundamental de los jóvenes que en unos años encarnarán en sus vidas el misterio del matrimonio y la creación de la familia.

Presentamos pues otro proyecto con vocación de continuidad junto a los ya existentes: familia, “sujeto responsable de evangelización” y familia, “recurso para la sociedad”. Este proyecto se engarza genética e idealmente como base de los últimos, y es que ayudando a los jóvenes en el proyecto más importante de sus vidas, amar y ser amados repercute positiva y automáticamente en la vida de la sociedad y de la Iglesia.

Me queda solamente agradecer de forma especial a la Subcomisión para la familia y defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Española que ha sido actor principal de estos materiales, así como a las diversas instituciones que con sus consejos y sugerencias han hecho posible que estos materiales vean la luz en la plataforma digital oficial del Pontificio Consejo para la Familia.

Ojalá que estas unidades que presentamos oficialmente, que fueron objeto de presentación parcial y reflexión en el reciente encuentro mundial de las Familias en Filadelfia, puedan ser objeto de ulterior seguimiento y evaluación en el próximo encuentro mundial de las Familias de Dublín en el 2018.

A S. José, Patrono de la Iglesia Universal y custodio de la Sagrada Familia encomendamos los frutos de este servicio.

Ciudad del Vaticano, 21 de marzo 2016

+ Vincenzo Paglia

Presidente

Pontificio Consejo para la Familia

 

 

Presentación de Mons. Vincenzo Paglia